1° Samuel 25:24-28
Abigail se arrojó a sus pies, mientras decía: Señor mío, ¡que caiga sobre mí el pecado de mi esposo!¡Escucha a tu humilde servidora! Mira los presentes que tu servidora ha traído: son para los hombres que vienen contigo. Y por favor, perdóname si te he ofendido; yo estoy segura de que el Señor afirmará tu descendencia, porque tú peleas las batallas del Señor, y porque no has cometido ningún mal.
Nabal, el esposo de Abigail, había deshonrado públicamente a quien sería el rey de Israel, David, e imprudentemente atrajo la maldición sobre su negocio y la muerte a su familia.
Abigail hizo lo contrario, se humilló, pidió perdón, honro, bendijo, y esta actitud abrió las puertas para la bendición en su vida.
¡Hace vos lo mismo con Jesús, el Rey de reyes!
Ora así: Padre Dios, reconozco que mis pecados han abierto puertas a la maldición temporal y muerte eterna. Me humillo y te pido perdón. ¡Sálvame! Te pido tu bendición en el Nombre de Jesús, amén.
¡Bendecido Domingo!