2° Reyes 7:4, 8-9
Sería mejor ir y entregarnos al ejército arameo. Si ellos nos perdonan la vida, mucho mejor; pero si nos matan, igual habríamos muerto de hambre. Pero cuando los leprosos se aproximaron al límite del campamento, ¡no había nadie! Fueron de carpa en carpa, comieron y bebieron vino, sacaron plata, oro y ropa, y escondieron todo. Finalmente se dijeron entre ellos: Esto no está bien. Hoy es un día de “buenas noticias”, ¡y nosotros no lo hemos dicho a nadie! Si esperamos hasta la mañana, seguro que nos ocurre alguna calamidad. ¡Vamos, regresemos al palacio y contémosle a la gente!
Aquellos leprosos y los habitantes de toda esa nación, estaban hambrientos por haber sido sitiados por el ejército arameo. Podían haberse resignado a morir, pero tomaron la decisión de caminar hacia el enemigo y no solamente sobrevivieron ellos sino que llevaron buenas noticias a toda la ciudad.
No esperes resignado. Hace como estos hombres. Muévete. Provoca un cambio enfrentando tu problema, confiando en que así como Jesús venció, con el mismo poder vencerás también.
Orá así: Padre Dios, al igual que esos leprosos, rompo con mi pasividad para enfrentar con fe y determinación mis problemas, creyendo que no solo tendré la victoria, sino que también seré un instrumento para llevar buenas noticias a todos. En el Nombre de Jesús, amén.
¡Bendecido Miércoles!