2° Samuel 22:2-3
Mi Señor y Dios, tú eres mi roca, mi defensor, ¡mi libertador! Tú eres mi fuerza y mi escudo, mi poderosa salvación, mi alto refugio. ¡En ti confío!
La vida es como una carrera de obstáculos, dificultades cotidianas a saltar. Por eso, antes de comenzar cada día, dedicamos un tiempo en pedir la asistencia, fortaleza, guía de Dios, y sin dudas, nos ayudará a superar todo contratiempo y llegar a la meta.
Ora así: Padre Dios, gracias por ser la roca donde afirmarme, el defensor para liberarme, las fuerzas para avanzar, el escudo para protegerme. Sálvame con tu mano todopoderosa. En el Nombre de Jesús, amén.
¡Bendecido Domingo!