Lucas 10 – Una estrategia para la extensión del Reino de Jesucristo – P4

V9: “y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Aquí disponemos de la estrategia que tomamos del Libro de Edgardo Silvoso Evangelismo de oración. Son cuatro pasos sencillos

  • En cualquier casa donde entréis primeramente decid: Paz sea a esta casa… En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. (Lucas 10.5, 8, 9).
  • Los principios del evangelismo de oración se enseñan en varios lugares en la Biblia, pero el modelo más completo se encuentra en este pasaje.
  • Esta es la única ocasión en los Evangelios en que Jesús explica en detalle un método evangelístico.
  • Nos insta aquí a que hagamos cuatro cosas por los perdidos:
  1. Declarar paz sobre ellos. (Bendecir)
  2. Tener comunión con ellos. (Tener Comunión)
  3. Ocuparnos de sus necesidades. (Ministrar)
  4. Proclamar las buenas nuevas. (Proclamar)
  • El primero de estos cuatro pasos abrirá la puerta al segundo paso y así sucesivamente. Es muy importante que comprendamos que estos escalones están interconectados y que, para ser eficaces, se deben implementar en el orden dado. También veremos por qué esto es así.
  • Este método de cuatro pasos resultó ser tan exitoso que muy poco después de que Jesús se los enseñara a sus discípulos, multitudes llegaron a creer en Jesús y los demonios se rindieron en masa ante un manojo de evangelistas principiantes.
  • Desafortunadamente, estos no son los resultados que vemos hoy en día cuando evangelizamos. ¿Cuál es el problema?
  • En vez de seguir el método de cuatro pasos de Jesús, invertimos el orden para comenzar con el último paso, testificar, y nos salteamos la bendición, la comunión y el ocuparnos de ellos; pasos que deben preceder a las buenas nuevas. En la mayoría de los casos, este método no funciona.
  • El comienzo del proceso prescripto por Jesús nos insta a convertirnos en pastores de las personas que se encuentran en nuestro ámbito de influencia. Quizás ellas no sean conscientes de que somos sus pastores, pero nosotros sí debemos saber que son nuestras ovejas.
  • Tenemos que comenzar por ocuparnos de ellas. Esta actitud es el centro de la estrategia de Jesús.

Es preciso hacer la paz con los perdidos

  • El método de evangelismo de Jesús nos insta a que primeramente declaremos paz sobre los perdidos. Esto es importante por al menos tres motivos:

Razón 1: Necesitamos declarar paz porque nosotros, como cristianos.

  • Hemos estado en guerra con los perdidos. Muy a menudo la bandera bajo la que nos hemos acercado a los que no son salvos en este mundo ha sido: “Arrepiéntete o arde”.
  • Desafortunadamente tenemos una tendencia a sentir un fuerte desagrado por los pecadores, y esto muy pronto les resulta evidente.
  • Nuestras actitudes belicosas no le hacen ningún favor a Jesús, que en sus días en la tierra se alegraba de ser conocido como amigo de pecadores.
  • Si Jesús es amigo de ellos, nosotros no podemos constituirnos en sus enemigos.
  • Predicar la verdad sin amor es como darle un buen beso a alguien cuando tenemos mal aliento. No importa que tan bueno sea el beso, ¡lo único que recordará la persona que lo ha recibido será el hedor!
  • Esto es lo que ocurre cuando, enojados o llenos de indignación, les decimos a los perdidos lo terrible y depravada que es su vida, y que con toda seguridad se irán al infierno. Aun cuando esto pueda ser verdad, nuestro enfoque negativo bloquea y distorsiona el mensaje central de la Biblia: que Dios envió a su Hijo, no a condenar el mundo, sino a salvarlo. (Juan 3.17).

Razón 2: Si bendecimos a los perdidos, dejaremos de maldecirlos.

  • No nos damos cuenta cuan a menudo maldecimos a otros, de lo contrario dejaríamos de hacerlo.
  • Cuando decimos: “El señor de enfrente de casa es un borracho, se va a morir de cirrosis”, la estamos maldiciendo.
  • Cuando señalamos a los adolescentes descontrolados y nos quejamos: “Son un fastidio y unos imbéciles que beben y manejan, que experimentan con drogas, así se van a matar en cualquier momento”, los estamos maldiciendo.
  • Cuando pronunciamos bendiciones sobre nuestros vecinos, nuestra ciudad se engrandece (Proverbios 11.11).
  • Pero cuando maldecimos a nuestros vecinos, trastornamos la ciudad, comenzando por la cuadra en la que vivimos.

Razón 3: Declaramos paz para neutralizar a los demonios a los que se les ha asignado la tarea de cegar a nuestros vecinos para que no perciban la luz del evangelio.

  • La Biblia explica claramente el motivo por el que todas las personas en nuestro ámbito de influencia aún no han llegado al Señor: “el dios de este siglo [el diablo] cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio.” (2º Corintios 4.4).
  • Esto significa que el diablo los ciega activamente, porque la luz no se puede bloquear de manera pasiva. Como Satanás no es omnipresente, no puede estar en más de un lugar a la vez, entonces, ¿Cómo logra cegar las mentes de millones de personas simultáneamente?
  • Utiliza a los demonios tal como se observa en la parábola del sembrador; allí se nos dice que después de que se planta la semilla, las aves del cielo (que representan al diablo y sus fuerzas) vienen y se la roban (Lucas 8.5, 12).
  • El apóstol Pablo coloca la tarea de abrir los ojos de los perdidos directamente sobre nuestros hombros, dentro de un contexto de evangelismo y guerra espiritual:

… Te envío a éstos para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios (Hechos 26.17-18a, NVI).

  • Pablo no deja lugar a dudas respecto al rol activo de Satanás y sus demonios para cegar a los perdidos para que no vean la luz del evangelio.
  • Por lo tanto, es preciso que conozcamos de qué manera deshabilitar el poder demoníaco sobre aquellos que estamos tratando de alcanzar.
  • Para ser eficaces al tratar con nuestros enemigos espirituales, no podemos cederles poder acercándonos a los perdidos con cólera.
  • La Biblia es clara al enseñar que nuestro enojo sin resolver da lugar al diablo dentro de nuestro ámbito de influencia (Efesios 4.26-27).
  • Nuestras maldiciones solo fortalecerán el poder demoníaco sobre aquellos a los que estamos tratando de salvar. Para revertir esta situación, debemos renunciar a nuestra ira y comenzar a declarar paz a los perdidos.
  • Las bendiciones son más poderosas que las maldiciones porque las maldiciones se pueden romper.
  • En el partido de póker celestial, una mano de bendiciones siempre le gana a una mano de maldiciones. Una atmósfera de bendición debilita el poder de los demonios, y muy pronto dejan sus cartas y se retiran de la mesa de juego.

Paz tangible

  • Cuando declaramos bendición (primer paso de la estragia) sobre aquellos que se encuentran en nuestro ámbito de influencia, tarde o temprano las personas que solían evitarnos comenzarán a buscarnos, abriendo la puerta para que tengamos comunión con ellos (segundo paso de este proceso).
  • Esto ocurre porque realmente pueden sentir las bendiciones que hemos proclamado sobre ellos.
  • Jesús describe este tipo de paz como algo casi tangible: Primeramente, decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él, y si no, se volverá a vosotros. (Lucas 10:5b-6).
  • Es posible que nuestros vecinos se acerquen a nosotros y digan algo como: “Cuando te veo pasar, siento buena vibra”.
  • Eso significa paz en la jerga de la Nueva Era. Y lo que quieren decir es que en tu presencia sienten algo tangible, ¡y les gusta!

Comunión bilateral

  • Una vez que hayamos roto el hielo con nuestros vecinos, no nos apresuremos a transmitirles el evangelio.
  • La comunión es el próximo paso, no la proclamación. Si hemos invitado a cenar a estos pecadores que anteriormente teníamos descuidados, no les tendamos una “trampa” tratando que hagan la oración de fe. Seamos pacientes.
  • Quizás te preguntes, ¿de qué vale tener comunión con los perdidos si no vamos a predicarles el evangelio a ellos? La comunión nos da una buena oportunidad para demostrar aceptación incondicional al recibir a nuestros vecinos tal como son en vez de cómo quisiéramos que fuesen.
  • Muy a menudo, nos mostramos decididamente poco cristianos en nuestra interacción con los perdidos, en especial con los pecadores calificados, aquellos de potencia industrial. Apenas los soportamos, y dejamos bien en claro que no vemos la hora de que cambien y se parezcan más a nosotros.
  • Esta es una actitud destructiva que no corresponde a Cristo ni a su Reino. Para modificar esta conducta, debemos pasar tiempo con nuestros vecinos, no para ser condescendientes y tratar de convertirlos sino para recibir de ellos: “Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den…” (Lucas 10.7).
  • Jesús nos instruye a comer y beber todo lo que nuestros vecinos nos inviten. Su modelo de evangelismo insta a una comunión bilateral, enfatizando el recibir más que el dar unilateralmente.
  • Uno de los peores errores que cometemos cuando evangelizamos es desvalorizar a los que no son salvos como si no tuvieran ningún valor por el hecho de no ser cristianos. Además de ser incorrecta, esta actitud también es muy degradante y solo logra ensanchar la brecha entre ellos y nosotros. Peor aún, agranda el abismo que existe entre ellos y Jesús, al que representamos.
  • Jesús siempre trataba a los pecadores con respeto. Cuanto peores eran los pecadores (Zaqueo o la mujer adúltera) a menudo mayor era la dignidad con la que los trataba. De manera que nunca deberíamos relacionarnos con los perdidos como si fueran personas carentes de valor.
  • No importa cual es su calificación como pecadores, los perdidos siempre tienen valor como seres humanos porque fueron hechos a la imagen de Dios.
  • La comunión bilateral nos indica la dirección correcta. Cuando permitimos que los no creyentes hagan algo por nosotros, afirmamos su valor y dignidad como creación y diseño de Dios.
  • En el tiempo de Jesús, la costumbre era ofrecer comida y albergue a las visitas, aunque fueran desconocidas. Hoy en día, jugar un partido de fútbol, reunirse para comer, trabajar juntos en algún proyecto de fin de semana u organizar una actividad en el patio entre varias familias, nos permite tener a nuestros vecinos cerca para declarar bendición sobre ellos.

La pesca requiere paciencia

  • Bendecir a los pecadores abre la puerta a la comunión, y la comunión finalmente nos lleva al tercer paso: la oportunidad de brindar respuesta a sus necesidades. Esto solo va a ocurrir después de que confíen en nosotros lo suficiente como para revelarnos sus necesidades.
  • Una vez que existe esta confianza, quizás nos confíen que su matrimonio aparenta ser saludable en la superficie, pero por dentro se está pudriendo.
  • Tal vez nos hablen de su temor a perder el trabajo o busquen nuestra ayuda para tratar con alguna adicción que no pueden vencer.
  • Aquellos vecinos antes distantes, comenzarán a abrirnos su corazón porque presienten que tenemos una respuesta para darles.
  • Y pedirán nuestra ayuda porque ahora tienen pruebas tangibles de que verdaderamente son importantes para nosotros.
  • Es en ese preciso momento que les podemos decir: “He estado orando por ti, y con mucho gusto oraré por esto también”.
  • Es posible que pensemos: ¿No deberíamos guiarlos al Señor primeramente? Sin embargo, debemos comprender que lo que nuestros vecinos nos transmiten en ese momento es su necesidad más imperiosa, en otras palabras, su necesidad más profunda. Obviamente que la necesidad más importante es la salvación, pero ellos todavía no lo saben.
  • No obstante, a través de sus carencias más hondas, Dios crea una avenida para mostrarles que Jesús realmente es amigo de los pecadores y que Él vino a salvarlos y no a condenarlos.
  • ¿Y qué pasa si oro y no sucede nada?, podremos preguntarnos. No quiero que se dañe la reputación de Dios. Si insistimos en tener la certeza de que Dios va a responder antes de decidirnos a orar, nos estamos equivocando. Nosotros solo debemos prometer oración, no una respuesta a la oración.
  • La oración es el rastro más tangible de la eternidad en el corazón humano.
  • Cuando oramos por sus necesidades, llegamos con nuestros vecinos al nivel más profundo, al nivel del corazón. Esto es lo más cerca que podemos llegar. Tarde o temprano ellos lo percibirán.
  • Seamos pacientes. Aun el pescador más experimentado no puede obligar al pez a morder el anzuelo.
  • Nuestro temor a arruinar la reputación de Dios a causa de las oraciones no respondidas es infundado ya que los no creyentes, aun en el nivel más rudimentario, ¡entienden la oración mejor que nosotros!
  • Saben que están metidos en un problema para el que no tienen ninguna solución. Sospechan que alguien más grande y más poderoso tiene la respuesta, pero no saben cómo llegar a él.
  • Es por eso que ofrecer oración en un momento de crisis siempre es bienvenido, porque establece una conexión entre estos dos puntos en sus mentes.

Acercamiento seguro

  • Una vez que hemos completado los primeros tres pasos (bendición, comunión y cuidado de sus necesidades) guiar a nuestros vecinos al Señor resulta muy fácil.
  • No podemos errar porque les hemos dado paz, que es la mayor carencia que tienen los que no creen; les hemos brindado la comunión más protectora y sanadora que jamás hayan disfrutado; y hemos ofrecido oraciones por necesidades muy profundas que tenían y para las que no contaban con solución alguna. Ahora resultará muy natural que pregunten, “Dime, ¿Quién es este Dios que me ama?” Se sentirán seguros al acercarse a nosotros porque ha habido una mejoría paulatina en el clima espiritual de la relación mientras avanzábamos desde el primer paso hasta el cuarto.
  • Mientras tanto, reveamos los cuatro pasos que Jesús nos definió en Lucas 10 y la progresión de cada uno hacia el siguiente:
  • El bendecir abre la puerta a la comunión imparcial.
  • La comunión establece un nivel de confianza, permitiendo que nuestros vecinos nos cuenten acerca de sus necesidades profundas.
  • La oración se ocupa de sus necesidades profundas.
  • Cuando intercedemos por nuestros vecinos, el reino de Dios se acerca a ellos de una manera tangible: “Y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.” (Lucas 10.9).

Es necesario destacar que no los traemos a ellos al Reino; les llevamos el Reino.

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